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Trastornos psicológicos
Fobias específicas En este trastorno se da un miedo excesivo o irracional desencadenado por la presencia o anticipación de objetos o situaciones específicos: animales, lugares cerrados, alturas, oscuridad, tormentas, volar, ver sangre, recibir inyecciones, intervenciones médicas, tragar alimentos sólidos, conducir un coche, aguas profundas...
En la fobia a la sangre suelen aparecer nauseas y desvanecimiento y no siempre se da el miedo. Como consecuencia de la exposición al estímulo temido, se produce una respuesta inmediata de ansiedad que puede llegar incluso a ataque de pánico* ; en los niños la ansiedad puede manifestarse mediante lloros, rabietas, inmovilidad o el aferrarse a otra persona.
Los adultos, pero no necesariamente los niños, reconocen que su miedo es excesivo. Las situaciones fóbicas (temidas) son evitadas o se soportan con ansiedad o malestar intensos. La evitación, anticipación ansiosa o malestar en las situaciones fóbicas interfieren marcadamente en la rutina normal de la persona, en sus actividades laborales, académicas o sociales o provocan un malestar intenso por tener la fobia.
Los fóbicos específicos pueden temer un posible daño (accidente aéreo, mordedura, choque de automóviles, ahogarse...), pero también pueden estar preocupados por perder el control, desmayarse o tener un ataque de pánico con las consiguientes consecuencias en este último caso quedando en evidencia ante los demás, lastimarse al huir, volverse loco o tener un ataque cardíaco.
Fobia Social La ansiedad social es normal e incluso útil porque es una motivación adaptativa que permite comportarse a los seres humanos adecuadamente ante relaciones entre personas nuevas o importantes. Pero, cuando esta ansiedad es muy intensa, no guarda relación con la realidad del temor experimentado o no acaba por esfumarse tras unos minutos de interacción o tras la exposición repetida a interacciones sociales, se va convirtiendo en un pesado lastre llamado fobia social.
La fobia social se caracteriza por un miedo acusado y duradero a una o más situaciones sociales en las que la persona se expone a ser observada por los demás y teme hacer algo o comportarse de manera que pueda resultarle humillante o embarazoso.
Se requieren además los siguientes criterios complementarios para el diagnóstico de fobia social:
• La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta se ansiedad. • La persona reconoce que ese temor es excesivo o irracional. • Las situaciones sociales o actuaciones en público temidas se evitan o se afrontan con mucha ansiedad y un malestar intenso. • Las conductas de evitación, la anticipación ansiosa o el malestar generado por las situaciones sociales intervienen en el funcionamiento diario del individuo, en sus ocupaciones laborales o académicas y en las relaciones interpersonales.
Ansiedad Generalizada La característica principal del Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG) es tener una preocupación y ansiedad excesivas persistentes (al menos 6 meses) y difíciles de controlar, sobre un número de acontecimientos o actividades tales como el rendimiento escolar o laboral.
Las áreas más comunes de preocupación suelen hacer referencia a circunstancias de la vida diaria; son habituales temas como la familia, los amigos, los estudios, el manejo de la casa y la salud. Las preocupaciones pueden ser por cuestiones menores tales como faenas domésticas, reparación del coche o llegar tarde a una cita o a un sitio.
Puede definirse la preocupación como una cadena de pensamientos e imágenes (especialmente los primeros) con carga afectiva negativa y relativamente incontrolable, que está orientada hacia un peligro futuro que es percibido como incontrolable (Rapee, 1995).
Los sujetos con TAG se preocupan por cosas que es improbable que sucedan o que, si ocurren, son mucho más manejables y menos dramáticas de lo que aquellos piensan.
Los pacientes con TAG presentan preocupaciones relativamente constantes y, por lo general, únicamente suelen ser capaces de dejar a un lado un tema de preocupación, ante la aparición de un nuevo tema de preocupación.
Según Deffenbacher (1997, pag., 242): “La persona tiende a darle vueltas en su cabeza a estas cuestiones, siendo incapaz de alcanzar una solución, de tomar decisiones, de llevar a cabo una actuación decisiva y de vivir con relativa tranquilidad con las consecuencias.
Por el contrario, suelen darle vueltas y más vueltas a, y preocuparse con las posibilidades negativas, los errores y equivocaciones potenciales, y los fracasos y dificultades reales e imaginarios. Es como si estuvieran petrificados en las primeras fases de una solución de problemas.” Es muy posible que las preocupaciones estén muy relacionadas con la intolerancia a la incertidumbre (Dugas y Ladouceur, 1997).
Las preocupaciones de un TAG son más frecuentes, duraderas, intensas y difíciles de controlar, parecen preocupaciones que no son precipitadas por algo y menos realistas. Por otra parte, la observación clínica revela que el foco de las preocupaciones de los pacientes con TAG cambia repetidamente, aunque hay una gran variabilidad individual en la velocidad con que se producen estos cambios.
La preocupación, la ansiedad o los síntomas físicos que genera el TAG producen un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral o de otras áreas importantes del funcionamiento de la persona.
Con respecto a los niños con TAG pueden mostrarse conformistas, perfeccionistas, inseguros de sí mismos e inclinados a repetir sus trabajos debido a una insatisfacción excesiva con resultados que no son perfectos. Síntomas asociados más importantes: Inquietud, fatigabilidad, dificultades de concentración o quedarse en blanco, irritabilidad, tensión muscular y perturbaciones del sueño.
Agorafobia y Trastorno de Pánico El término ataque de pánico, se define brevemente, como la experiencia de aparición brusca (súbita) de intenso miedo acompañado de síntomas fisiológicos (Sandín y Chorot, 1995a).
Más concretamente, los criterios que determinan la presencia de ataques de pánico son: la aparición aislada y temporal de miedo o malestar intenso acompañado generalmente de sensaciones de peligro inminente y de un impulso a escapar, durante el cual se presentan al menos cuatro de los siguientes síntomas:
• Palpitaciones o elevación de la frecuencia cardíaca. • Sudación. • Temblores o sacudidas. • Sensación de ahogo o falta de aliento. • Sensación de asfixia. • Opresión o malestar torácico. • Náuseas o molestias abdominales. • Inestabilidad, mareo o sensación de pérdida de conciencia. • Desrrealización o despersonalización. • Miedo a perder el control o volverse loco. • Miedo a morir. • Parestesias (sensación de adormecimiento u hormigueo). • Escalofríos o sofocos.
Estos síntomas se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros diez minutos. Cuando se reúnen todos estos criterios, pero se presentan menos de cuatro síntomas se habla de ataques de pánico con síntomas limitados.
Así, se define el trastorno de pánico como la presencia de ataques de pánico inesperados recurrentes y preocupación por la posibilidad de padecer nuevos ataques, así como por sus consecuencias.
La Agorafobia se define como un conjunto complejo de temores, entre los que cabe citar el estar solo, dentro o fuera de casa, utilizar transportes públicos, acudir a lugares concurridos (cines, supermercados...), subir en un ascensor, entre otros muchos; situaciones temidas ya que las vías de escape o salida no son fáciles, o en las quesería difícil recibir ayuda en el caso de presentarse síntomas de pánico.
En definitiva, las situaciones temidas por estos pacientes comparten dos características comunes y relacionadas:
• Son situaciones que implican limitación de movimientos o de la posibilidad de escape, ya sea por restricciones físicas o por convención social. • Los agorafóbicos temen el no estar con gente o no encontrarse en una situación que les proporciones una sensación de seguridad. (Chambless, 1985)
Trastorno Obsesivo-Compulsivo (T.O.C.) El TOC presenta las siguientes características:
• Existencia de obsesiones: pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos, que las personas que las padecen consideran repugnantes, inaceptables, absurdas o sin sentido, y que intentan rechazar. Las obsesiones hacen que quien las padezcan sienta altos niveles de ansiedad o malestar y se sienta impedido a neutralizar dicha obsesión o sus consecuencias.
• Existencia de compulsiones: son conductas que se llevan a cabo con la finalidad de eliminar las obsesiones, en ocasiones la persona puede intentar resistirse a ellas, pero finalmente acaba haciéndolas.
En la mayor parte de los casos la compulsión disminuye la ansiedad, en otros casos la persona indica que se sigue sintiendo nerviosa, pero lo estaría mucho más si no hubiera realizado la compulsión. En muchas ocasiones la conducta compulsiva se realiza de acuerdo a unas reglas (rituales).
En el TOC estos rituales alivian el malestar causado por las obsesiones, sin proporcionar placer a la persona, contrariamente a lo que se entiende cuando se habla de “bebida, juego o sexo compulsivo”.
• Las personas afectadas por este trastorno adoptan respuestas de evitación pasivas a los estímulos o situaciones que disparan tales obsesiones.
Obsesiones más frecuentes:
• Obsesiones de contaminación: pensamientos de sufrir daños o contagiar a otros por contacto con sustancias (sangre, gérmenes, suciedad...). • Obsesiones sobre violencia física hacia sí mismos u otros. • Obsesiones que implican daños accidentales (explosión de gas, producir un accidente de tráfico...). • Obsesiones sobre aspectos religiosos (pensamientos blasfemos, dudas religiosas...). • Obsesiones sexuales (“¿cometeré una violación?, “¿me haré homosexual?...). • Obsesiones relativas al orden. • Obsesiones relativas a la acumulación (temer tirar cualquier cosa “valiosa”). • Otras: tonadillas musicales pegadizas, palabras, frases o imágenes de escena que el sujeto no puede evitar pensar, contar cosas...
Nota: las compulsiones pueden ser tanto conductas como pensamientos.
Trastorno de estrés postraumático Las personas que experimentan bruscamente sucesos aversivos (desagradables) no habituales, como los efectos de la guerra, los accidentes, las catástrofes, la violación o el maltrato pueden sufrir el trastorno de estrés postraumático, donde encontramos repercusiones psicológicas muy negativas en la estabilidad emocional de las personas afectadas.
El trastorno de estrés postraumático aparece cuando la persona ha sufrido (o ha sido testigo) de una agresión física o de una amenaza para la vida de uno mismo o de otra persona, y cuando la reacción emocional experimentada implica una respuesta intensa de miedo, horror o indefensión.
Hay tres aspectos nucleares característicos de este cuadro clínico:
1. Las víctimas suelen revivir intensamente la agresión sufrida o la experiencia vivida en forma de pesadillas y de imágenes y recuerdos constantes e involuntarios. 2. Los pacientes tienden a evitar o a escaparse de los lugares o situaciones asociadas al hecho traumático o incluso rechazan pensar voluntariamente y dialogar con sus seres querido sobre lo ocurrido. 3. Las víctimas muestran una respuesta de sobresalto exagerada, que se manifiesta en dificultades de concentración, en irritabilidad y, especialmente, en problemas para conciliar el sueño.
A los sucesos traumáticos suele estar asociada la amnesia disociativa, consistente en la imposibilidad de recordar la información relacionada con e acontecimiento negativo y que no puede ser atribuida a las leyes naturales del olvido. Los efectos negativos de esta amnesia:
• Impide la expresión emocional del suceso. • Evita el apoyo social adicional que se da en estos casos. • Bloquea la reevaluación mental de lo ocurrido. • Facilita las conductas de evitación.
Además las víctimas pueden experimentar síntomas de ansiedad, depresión y/o pérdida de autoestima. Todo ello lleva a una interferencia significativa en el funcionamiento social y laboral, a una pérdida de interés por lo que antes resultaba atractivo desde el punto de vista lúdico e interpersonal y a cierto embotamiento afectivo para recibir y expresar sentimientos de intimidad y ternura.
Trastornos depresivos Los trastornos depresivos se centran principalmente en la categoría conocida como depresión mayor. La característica fundamental sintomática de los trastornos depresivos viene determinada por el denominado episodio depresivo mayor.
Los síntomas recogidos son:
• Estado de ánimo depresivo (en niños y adolescentes puede manifestarse como irritabilidad). • Disminución del interés por el placer. • Pérdida de peso y/o cambios en el apetito (disminución o aumento). • Insomnio o hipersomnia. • Agitación o enlentecimiento psicomotor. • Fatiga o pérdida de energía. • Sentimientos de inutilidad o de culpa • Dificultad para pensar, concentrarse y tomar decisiones. • Pensamientos recurrentes de muerte, ideación suicida.
Al menos cinco de estos síntomas tienen que estar presentes durante un periodo de dos semanas, representando un cambio respecto a la actividad previa. Uno de los cinco síntomas debe ser el nº1 o el nº2.
Trastorno Bipolar Los trastornos bipolares tienen un curso más recurrente que los trastornos depresivos, de modo que por término medio lo habitual es que un paciente bipolar sufra 8 ó 9 episodios de manía o depresión a lo largo de su vida.
Se llama trastorno bipolar o trastorno afectivo bipolar a un trastorno depresivo de larga evolución, en el que los episodios depresivos se ven interferidos por la aparición de otros episodios caracterizados por un estado de ánimo elevado (euforia excesiva), expansivo (hiperactividad anómala) o irritable.
Las fases de exaltación, alegría desenfrenada o irritabilidad y grosería, alternan con otros episodios en que la persona está con depresiones intensas, con bajo estado de ánimo, incapacidad para disfrutar, falta de energía, ideas negativas y, en casos graves, ideas de suicidio.
El periodo de exaltación se llama “episodio maníaco”, de una palabra griega, “manía”, que significa literalmente “locura”.
El nombre de afectivo se refiere a las enfermedades de los afectos, nombre genérico que se da a los trastornos depresivos, en general, y al trastorno bipolar. Indistintamente lo nombramos como trastorno bipolar, o como trastorno afectivo bipolar.
Las diferentes combinaciones de episodio maníaco e hipomaníaco dan como resultado cuatro grandes tipos de trastornos bipolares: bipolar I, bipolar II, ciclotimia y trastornos bipolares no especificados.
Los síntomas recogidos son:
• Periodo preciso y persistente con estado de ánimo anormalmente elevado, expansivo o irritable. • Excesiva autoestima o grandiosidad. • Disminución de la necesidad de dormir. • Locuacidad. • Sensación de pensamientos rápidos o "vuelo de ideas". • Distraibilidad. • Actividad excesiva dirigida a metas (sexual, laboral, etc.). • Actividad de alto riesgo potencial (p. ej., negocios absurdos).
Otros, según sea episodio maníaco o hipomaníaco:
Hipomaníaco • Cambio inequívoco, durante el episodio, del funcionamiento habitual de la persona. • El episodio no es tan grave como para crear problemas en el funcionamiento cotidiano o requerir hospitalización, y no hay síntomas psicóticos. • Cambios anímicos y comportamentales apreciables por otros.
Maníaco • Problemas en el funcionamiento cotidiano, o requiere hospitalización para impedir daños propios o ajenos.
Todos los síntomas enumerados no han de ser debido a medicamentos, drogas o a una condición médica general (p. ej. hipertiroidismo).
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