El valor de la empatía

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La empatía es la identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

En la actualidad la definición más aceptada de empatía es: “Conjunto de constructos (categoría descriptiva bipolar con la que cada individuo organiza datos y experiencias de su mundo, como el frío y el calor, lo dinámico y lo estático, etc.)que incluyen los procesos de ponerse en el lugar del otro y respuestas afectivas y no afectivas que resultan de esos procesos” (Davis, 1996).

La empatía nos permite establecer vínculos más sólidos y positivos con los demás. Se define como la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos, ideas, conductas y actitudes de los demás y entender las circunstancias que les pueden afectar en situaciones concretas.

Es una destreza básica de la comunicación interpersonal, permite un entendimiento adecuado entre dos o más personas y es fundamental para captar e interpretar adecuadamente el mensaje del emisor y así entablar un diálogo eficaz.

Supone una habilidad que nos permite entender no sólo las palabras del otro, sino también sus sentimientos, generando simpatía, comprensión y ternura. Es el rasgo que caracteriza a las relaciones interpersonales o sociales exitosas.

Usualmente, la empatía se define como la capacidad de “ponerse en el lugar del otro” o “ponerse los zapatos del otro”. Estas definiciones populares pueden prestarse a confusión, ya que pueden darnos a entender que empatizar con alguien es imaginarnos qué haríamos, pensaríamos o sentiríamos en su lugar ante eso que le ocurre y esto no es empatizar.

Empatizar es aprehender a través del conocimiento del otro, suponer o inferir que ante determinadas circunstancias pueda reaccionar, interpretar o emocionarse de la manera en la que sólo él o ella puede o sabe hacer. El lugar del otro sólo tiene un dueño y no somos nosotros: es la otra persona.

La empatía no es otra cosa que “la habilidad de hacer pleno uso de los sentidos y facultades para reconocer, comprender y apreciar los sentimientos de los demás”. En otras palabras, ser empático es ser capaz de “leer” emocionalmente a las personas.

Todos poseemos una visión particular de las cosas y en ocasiones somos propensos a interpretar las conductas de los demás desde nuestro punto de vista, sin molestarnos en averiguar qué es lo que motiva a una persona a comportarse de cierta manera. Detrás de las “malas intenciones” del otro, simplemente puede haber ignorancia, descuido, despiste…Solemos ser propensos a extraer conclusiones precipitadas, exageradas y poco objetivas sobre los comportamientos de los demás.

Es aquí donde la empatía cobra importancia, dotándonos de la capacidad para entender que los demás actúan de una determinada forma porque han considerado que era lo correcto, o simplemente por error o falta de información, y no necesariamente por mala fe.

Desarrollar la empatía significa proponernos pensar más en los demás, estar más pendientes de ellos y prestar más atención a detalles que a priori nos puedan parecer poco relevantes, pero que pueden ser importantes. En la medida en que conozcamos mejor a las personas, nos resultará más fácil identificar sus estados de ánimo y entender las circunstancias que los provocan, así como su forma de reaccionar ante las diversas situaciones.

¿Por qué potenciar esta habilidad?

Se trata, sin duda alguna, de una habilidad que bien empleada, facilita el entendimiento, el manejo y el progreso de todo tipo de relación interpersonal. La empatía viene a ser como una conciencia social, a través de la que se pueden apreciar las emociones y las necesidades de los demás, dando pie al respeto, la sensibilidad, el compromiso y el afecto entre dos o más personas.

Las personas que poseen esta destreza destacan por su capacidad para escuchar (activamente) a los demás y por ser “observadores” de las señales no verbales y de los estados afectivos de quienes les rodean. Esto contribuye a mejorar la calidad de las relaciones interpersonales en todas las áreas vitales, con todos los beneficios que ello conlleva.

Las personas consideradas como “no empáticas” o que pueden tener dificultades para empatizar con los demás serán poco hábiles en el reconocimiento de los sentimientos, derechos y necesidades de los demás.

Estas personas padecerían de “sordera emocional”. La falta del oído emocional nos conduce a ser torpes, socialmente hablando, y nos lleva a interpretar erróneamente los sentimientos ajenos o manifestar una actitud distante, fría o indiferente que aniquila la posible afinidad. Ej “No entiendo por qué te afecta tanto”. Una fórmula más acertada para decir lo mismo sin caer en la falta de empatía sería: “Entiendo que te afecte pero vamos a ver qué cosas se pueden hacer para que deje de hacerte daño”.

Para conectar con los demás no sólo debemos fijarnos o registrar los mensajes verbales manifiestos (palabras) sino también los mensajes que se desprenden del lenguaje no verbal o corporal. El cuerpo transmite mucha más información que las palabras. Este otro tipo de lenguaje estaría constituido, entre otros elementos, por el tono e intensidad de la voz, la postura, la mirada, los gestos e incluso el silencio.

No podemos leer las mentes, pero sí podemos aprender a leer la manera en que el cuerpo se expresa. Si no existe una coherencia entre lo expresado verbalmente y lo no verbal, nos encontramos ante una clara contradicción, indicándonos que la persona no está siendo honesta con nosotros o consigo misma. P. Ej. Decir que estamos tranquilos cuando no paramos de movernos, estamos sudorosos, nos tiembla la voz y presentamos rigidez y tensión muscular.

Tener empatía no significa estar de acuerdo o compartir la realidad o el punto de vista del otro. No consiste en dar la espalda a nuestros valores y convicciones y asumir los del otro, sino de entender, no juzgar y respetarlos. Se puede ser empático con alguien y sin embargo estar totalmente en desacuerdo con él o ella, aceptando como legítimo su punto de vista.

No podemos aplicar fórmulas matemáticas en nuestras relaciones personales, porque lo que funciona con alguien determinado no sirve con otra persona, o lo que sirve en un momento dado puede no hacerlo en otro aún tratándose del mismo individuo. La fórmula magistral para tener éxito en las relaciones con los demás es la empatía.

Pautas para mostrarnos empáticos con los demás:

  • Tener la intención y voluntad de comprender por qué los demás actúan de una manera determinada.
  • Mirar a la persona a los ojos y, si la ocasión lo permite, intentar sonreír de manera natural. Ambas señales permiten crear un clima de confianza.
  • Practica la escucha activa. Muestra interés, pon atención y facilita que la persona se exprese.
  • Ponte en su lugar, sé neutro/a y objetivo/a. No juzgar, “condenar” o etiquetar al otro.
  • Identifica sus sentimientos. Presta atención a las señales no verbales o corporales presentes, que nos proporcionarán una información muy valiosa que las palabras no dan.
  • Obtén toda la información necesaria por parte de la otra persona para poder elaborar una opinión y asegurarnos de haber entendido correctamente el mensaje. Para ello es recomendable hacer preguntas abiertas, que favorecen la conversación, y clarificar las posibles dudas.
  • Comunica al emisor que le has entendido, que has captado su mensaje y también cómo se siente. Asentir verbal o gestualmente y resumir lo más importante puede ser una buena forma de conseguir que se sienta no sólo escuchado sino también comprendido y apoyado.
  • Evita los ánimos o los consejos prematuros (espera a que los demás te pidan lo que necesitan: no te adelantes).
  • Si has de dar tu opinión, intenta ser constructivo/a y cuidar las formas. Cuidando nuestro lenguaje
  • Evitar demostraciones de aburrimiento, prisa o cansancio. Si no es el momento idóneo, es preferible comunicarlo tranquila y amablemente, tratando de aplazar la conversación, antes que atender al otro forzadamente y de mala gana.
  • Reforzar positivamente al otro. Terminar la conversación con un tono positivo (Ej., “Me gusta charlar contigo”, “ha sido muy agradable”, etc.).

En definitiva

La empatía es un valor útil en cualquier ámbito de nuestra vida, que permite el desarrollo y enriquecimiento de las relaciones interpersonales, además de contribuir a potenciar otras capacidades como el respeto, la comprensión, la confianza, la motivación y la comunicación eficaz y positiva.

En ocasiones, se requiere (y merece la pena) un esfuerzo especial o “extra” para no dejarnos llevar por nuestro estado de ánimo, las prisas o el estrés que supone el afrontar las múltiples exigencias del día a día y prestar atención a quienes nos rodean. La empatía supone un acto generoso de salir de uno mismo (y dejar de mirarnos el ombligo durante un instante) y ser capaces de ponernos “en el lugar del otro”.