Nuestro cerebro mientras dormimos

El sueño es una conducta de especial importancia para la supervivencia. No podríamos sobrevivir mucho tiempo sin beber ni comer, pero tampoco sin dormir. En algunas personas privadas de sueño, han llegado a aparecer estados psicóticos (alucinaciones, delirios…) como consecuencia de permanecer más de 100 horas sin dormir.


La falta de sueño está relacionada con un aumento de la irritabilidad y mayor dificultad de concentración en tareas “aburridas” (es decir, tareas que requieren nuestra atención sostenida y que nos despiertan un escaso interés).

Nuestro cerebro presenta un patrón de actividad eléctrica característica de cada fase de sueño. Conocer estas fases es importante para entender los distintos trastornos de sueño que pueden aparecer.

Cuando estamos despiertas(estado de vigilia), la actividad eléctrica de nuestro cerebro se caracteriza por la aparición de ondas no sincronizadas de baja amplitud y frecuencia rápida.

Para todas las personas es una experiencia muy agradable, por ejemplo, sentarnos (o tumbarnos) en un sofá, y cerrar los ojos mientras oímos música. En este momento, en nuestro cerebro se producen ondas alfa, más sincronizadas y de una frecuencia más baja a las que tenemos en estado de vigilia. Estas ondas están relacionadas con la relajación y la creatividad.

Si continuamos en esta situación, los latidos de nuestro corazón se irán ralentizando, nuestros músculos se van relajando y en nuestro cerebro, las ondas alfa irán dando paso a ondas irregulares de una amplitud pequeña. Hemos entrado en la Fase 1 de sueño.

Durante la Fase 2, más profunda que la anterior, aparecen en nuestro cerebro, sucesiones de ondas muy características de esta fase, denominadas husos de sueño y complejos K.

Las fases 1 y 2 son superficiales. Incluso, cuándo sólo hemos pasado por estas dos fases, podemos creer que no hemos dormido nada.

En la Fase 3, el tono muscular sigue bajo y la respiración y la tasa cardíaca se ralentiza aún más. Aparecen ondas lentas de gran amplitud. Empieza lo que denominamos sueño profundo.

Las ondas se hacen aún más lentas y de mayor amplitud durante la Fase 4.

En las fases 3 y 4 pueden aparecer algunos sueños, racionales, en los que cobran mayor importancia los pensamientos que las impresiones visuales.

Estas 4 fases forman parte del sueño No MOR o No REM (Siglas en castellano e inglés, respectivamente: Movimientos de Ojos Rápido).

Una vez que la persona que duerme pasa por estas cuatro fases, vuelve a la Fase 2 para entrar, a continuación, en el sueño MOR o REM. Es curioso que durante esta fase la actividad eléctrica del cerebro es muy similar a cuando estamos despiertas. Sin embargo, el tono muscular desaparece por completo, mientras que los ojos presentan movimientos rápidos. Es en esta fase cuando se producen las ensoñaciones, pesadillas, etc. Estos sueños tienen menos relación con la realidad, son vividos como si fuesen reales y se experimentan sensaciones perceptivas (olores, sonidos…).

Este ciclo (Fases 1-2-3-4-2-MOR), de una duración comprendida entre una hora y media y dos horas, se va repitiendo durante toda la noche.

Estas fases se producen en adultos y pueden ser alteradas por problemas neurológicos o consumo de sustancias.

Una persona adulta puede dormir unas 7 u 8 horas diarias. Prácticamente, la mitad del sueño corresponde a la Fase 2, mientras que la cuarta parte corresponde al sueño MOR.

Durante la primera parte de la noche son más frecuentes las fases 3 y 4 de sueño, mientras que en la segunda lo es el sueño MOR, que en cada ciclo que se sucede, va teniendo una duración mayor.

A veces decimos que hemos tenido muchos sueños durante la noche o que no hemos soñado con nada, sin embargo, siempre se sueña. Si nos despertamos durante el sueño, lo recordaremos, pero no lo haremos si seguimos durmiendo.